La muerte se esconde a la vista de
todos de tan cotidiana, pero cuando te sale al paso y las entrañas se te
enjutan, de golpe te acordás lo que duele, lo que desarraiga el corazón y lo
echa a lugares del alma que jamás haz recorrido. La muerte, de extraña pasa a ser propia
cuando es tu sangre la que está frente a vos en una caja. La muerte, llega y se queda, se vuelve huésped
indeseado, se acuesta con vos, te mete los dedos en los sesos y te hace soñar
con anhelos, te confunde y creés que son recuerdos. La muerte, nos hace humanos, nos inocula
miedo, después de ella, cada vez que nos despedimos de los que amamos, no
podemos evitar querer con toda el alma que no sea la última despedida y soltás
un “los amo”; suave, profundo, y va en él, la vida, por si la muerte llega.
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