Y el mundo se cae y se despedaza,
y siempre ha sido así:
los
pobres vuelven luego de cada quimera a ser masa
hasta que venga otro santo rojo como el diablo
o casto y puro como Dios.
Escarbando desde la cava pasando por aurículas y ventrículos hasta llegar al pericardio, me doy cuenta de que ya no tengo un corazón sino...