Escarbando desde la cava
pasando por aurículas y ventrículos
hasta llegar al pericardio,
me doy cuenta de que ya no tengo un
corazón
sino una alforja: abundante en historias,
repleta de querencias
y una piara de colmillos de quienes no han
logrado devorarme.

No hay comentarios:
Publicar un comentario