El mundo sacro o mundano, da igual, condena lo que no acepta
y no entiende, si eso es encarnar el Leviatán, que así sea; mi carne ha sido
servida ya para los hipócritas que se dan baños de pureza y honradez, mientras
su diarrea mental esparce en cada vez más, y más amentes, toda la indiferencia
y egoísmo posible. Con mi piel ya se
abrigan esos otros honrados, dueños de montañas de denarios ficticios, de esos
que ponen y quitan reyezuelos y dominan imperios. Soy Leviatán, de alguna forma mujer, y de
mucha forma mar.: porque no se es
completo siendo solo hombre, porque nada hay más hermoso, furioso y dadivoso
que el mar. Prefiero la arrogancia ante
la estupidez con que nos destruimos a golpe de las quijadas de un burro, y
otro. Prefiero la segregación ante la
indolencia complaciente de la manada.
Prefiero el hambre a la indigna abundancia. Prefiero el amor y la verdad de uno o dos,
que la aceptación de una o dos sectas, o mafias.
martes, 7 de abril de 2015
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