Divergente
Separarse del actual modo de resolver los problemas de la vida nacional es la única forma de encontrar “otras” soluciones a las que hemos venido aplicando de manera mecánica, dogmática y hasta mesiánica. Discrepar de lo que se dice y se hace por la clase política, no es criticar por criticar, es sano, es necesario, incluso debe volverse un ejercicio de autocrítica en tanto hemos sido los que “elegimos” a representantes y gobernantes; tenemos derecho a criticarles, tenemos la obligación de autocriticarnos.
Discordar del grupo no aceptando dogmas, sinrazones o ligerezas, es un “divino descontento” que deberíamos practicar más a menudo con la claridad de que se buscan alternativas diferentes a la vicisitudes que nos aquejan en nuestro entorno o en el país (violencia, imposición, falta de servicios públicos, abuso, corrupción, racismo, exclusión, pobreza, etc.)
¿En los últimos años, décadas, cuántas ideas que escapan de los lineamientos del pensamiento habitual nos ha presentado la clase política; cuántas hemos elaborado como sociedad?
Vivimos en una realidad definida por la falta de información (a pesar de la saturación de los “Mass Media” y las “redes” sociales), bloqueos mentales y la aceptación automática de lo obvio. La culpa de lo que vivimos la tienen otros, no nosotros. Materialmente son muchos los grupos responsables de los dramas que vive la sociedad guatemalteca, pero no podemos olvidar que la tolerancia que hemos tenido al sojuzgamiento, a los gorilas que aunque ahora se vistan de seda gorilas son; el odio y el desprecio por la vida que hemos dejado anidar en nuestra cultura y en nuestro modo de resolver las cosas, mucho tiene que ver con lo que padecemos.
Responder a la muerte con muerte, asumir dogmas como causa de nuestras
desgracias, solucionar con limosnas lo que se debería solucionar
multiplicando “panes y peces”, es más de lo mismo. Si no enfocamos
nuestros problemas de país desde nuevos ángulos, seguiremos aplicando
las mismas soluciones y teniendo los mismos resultados.
Me niego a sucumbir al miedo, el borreguismo y la tentación del belicismo. Todos deberíamos ser divergentes y encontrar una ruta distinta para construir una “Nueva Guatemala”.
Me niego a sucumbir al miedo, el borreguismo y la tentación del belicismo. Todos deberíamos ser divergentes y encontrar una ruta distinta para construir una “Nueva Guatemala”.
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