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| Foto: David Rodriguez Blog |
lunes, 9 de enero de 2017
Montaña ardiente
El El sendero con ojos de piedra y panza de barro se quedó en silencio, lo llenó la espesa nata que vuela sobre el lomo de la escarcha. La noche, el filingo y la desdeñosa naturaleza (la nuestra) solo necesitaron la complicidad de la sorpresa. Y así fue que aquella montaña ardiente se quedó con seis retumbos nuevos, seis volcanes que lloverán algún día sobre las cabezas de todos.
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