sábado, 30 de julio de 2011
NOCTURNO
Las pequeñas derrotas cotidianas, los fracasos pasajeros, los
golpes del desaliento y el cansancio
hacen blanco en tu alma,
vierten sobre tus sueños unas gotas de agua turbia y amarga. y de
ahí nacen esos pasillos de abismo,
esos ígneos parajes donde te acecha una serpiente o te acosan
babeantes endriagos de Goya,
esos soles nauseabundos que te arrancan el pellejo,
ese horror, esos terremotos,
ese humo acre del fuego invisible en el que arden seres queridos,
ciudades queridas, deseos queridos.
Pero también las mínimas victorias del día,
el error estrangulado a tiempo,
el poema que salió de un solo tajo,
la carta desbordando besos y buenas noticias,
la muchacha que no dijo sí pero que tampoco dijo no y dejó caer,
como de antiguo los pañuelos, una esperanza,
la artesana alegría del pan bien ganado,
el bálsamo de la mano amiga
echan raíces en el sueño.
Y de ellos nacen, entonces, el súbito vuelo con el que salvas
finalmente el abismo,
la puerta imprevista por la que escapas de los endriagos,
la caricia del aire sobre tu piel ardida,
y ese aguacero dulce que estrangula al fuego del mal, que lo pone
de rodillas;
esa espada que, empuñada por tu mano,
decapita a la serpiente.
Luis Rogelio Nogueras
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