Unos mueren entre olor a pólvora e indolencia: los demás simplemente nos pudrimos en esta densa y fétida "normalidad". La muerte tiene seguidores, publicistas, mercaderes y falsos profetas esperando que triunfe para seguir engordando sus cuentas, usufructuando el embrutecimiento y el morbo que nos han inoculado; sirven los aparatos ideológicos del Estado, sirve cualquier sepulcro pintado de blanco, cualquier atril, cualquier palestra, pantalla, bocina o rotativa.
Mañana, la muerte tendrá titulares e indolencia, y seguirá mas viva que nunca en nuestro "bello y horrendo país".
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