Ir descubriendo que lo que creías bello es tan vulgar como cliché machista
trillado
y proscrito de la palabra bordada con delicadeza y sinuosas idas y venidas por lo desconocido,
lo desconocido que resulta ser un paisaje con infinitos detalles
grandes y pequeños
llorosos y saturados de colores que se van mezclando sin pedir permiso
sin querer agradar a nadie
y al final
detienen la respiración de cualquiera
y hacen olvidar bajo su sencilla y honesta sombra
cualquier vulgar cotidianidad.
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