No quepo en su cordura,
mis delirios se queman románticamente
en ideas de justicia.
Acá no existe equilibrio.
Me voy,
búsquenme cuando quieran que les pague
para seguir con su miserable vida: los estaré
esperando.
Escarbando desde la cava pasando por aurículas y ventrículos hasta llegar al pericardio, me doy cuenta de que ya no tengo un corazón sino...
No hay comentarios:
Publicar un comentario