Viene la imbecilidad envueltita
en corazones y mentes pequeñitas, con más morro que sensatez, viven de cuerpos
putrefactos que andan sobre dos patas y tienen dos extremidades pero no
alcanzan a ser humanos. Vienen los
demonios a alimentarse de los imbéciles, se hartan tanto que les es difícil ser ubicuos y muchas veces se quedan a vivir en ese cuerpo inútil, en ese ser
imbécil, lo hacen creer sus propias estupideces y es así hasta el final de sus
días: después de haber hecho mucho daño, luego de no haber aportado más que
podredumbre.
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