Viene la imbecilidad envueltita
en corazones y mentes pequeñitas, con más morro que sensatez, viven de cuerpos
putrefactos que andan sobre dos patas y tienen dos extremidades pero no
alcanzan a ser humanos. Vienen los
demonios a alimentarse de los imbéciles, se hartan tanto que les es difícil ser ubicuos y muchas veces se quedan a vivir en ese cuerpo inútil, en ese ser
imbécil, lo hacen creer sus propias estupideces y es así hasta el final de sus
días: después de haber hecho mucho daño, luego de no haber aportado más que
podredumbre.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
Puerto Barrios
Aprendí a recorrerte nuevamente un oficio que de mozuelo era sencillo: morena y sinuosa te sabía cada recoveco sin miedo y cuidado iba y ve...
-
El paisaje que transitamos desde la raíz hasta el otoño va cambiando sus imágenes al compás de los que se devoran la belleza y lo llaman des...
-
Tirar sobre una mesa las consecuencias del olvido: el embrutecimiento y la amnesia colectiva, el agotamiento y el miedo cotidiano para sali...
No hay comentarios:
Publicar un comentario