Una pradera
interminable esperaba la batalla, apenas se asomaban colinas, la vista
alcanzaba a perderse en las pequeñas figuras que subían y bajaban a cada paso
que daban, iban creciendo y haciéndose más: él, solo sabía que detrás venía
alguien, ni siquiera volteaba la mirada, iba seguro a enfrentar el destino; su
padre lo alentaba desde las estrellas y le aseguraba que todo estaría
bien. La respiración cada vez más
fuerte, el corazón acompasado con el retumbar de la tierra que temblaba bajo las plantas de los guerreros, el miedo hecho astucia, la piel
sudorosa, las manos empuñando versos; la batalla, y entonces: bajó su padre del
infinito, montado en un caballo llamado “bestia”, acompañado de osos, lobos y
fieras de todo tipo. Juntos fueron al
encuentro de la muerte, la batalla fue hermosa, el final no importa.
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