martes, 10 de febrero de 2015

Millones de volcanes...





Ya quisiera yo explotar así y que a pesar del susto fuera belleza y asombro lo que los demás notan, o por lo menos tener mi fumarola visible sin que nadie juzgue el fuego que llevo dentro. Pobres los que no alcanzan a llevar ni siquiera una chispa en sus frívolas entrañas.

Mis cenizas no llegarán lejos sin el soplido de las bocas de otros millones de volcanes.  Sin su fuego y su lava, sin su belleza y estruendo; solo queda un eructo, un regurgito ácido y ruidoso: sin susto ni belleza.



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