Iba tan rápido y fuerte que se escuchó explotar su corazón
antes de chocar contra los límites acartonados de los gurús del egoísmo y el engaño:
un segundo después su palpitar sólo era eco de rebeldía.
Escarbando desde la cava pasando por aurículas y ventrículos hasta llegar al pericardio, me doy cuenta de que ya no tengo un corazón sino...
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