Tiene razón señor Presidente,
lloremos, motivos hay de sobra y es imposible, lo entiendo, afrontarlos sin que
se le amargue a uno el cogote. Por
ejemplo, fíjese que el otro día lleve a mi niño al Centro de Salud y a
trompicones pude leer que no había vacunas, qué hago, usted mejor que nadie
sabe cómo está la situación en el país; con mi jornal de sesenta y cinco
quetzales bien pagados no alcanzo a juntar, aunque me caiga la “bendición” de
trabajar de lunes a domingo un mes enterito.
Fui a fiar, no me quedó de otra, pero nadie me quiere prestar porque no
tengo trabajo dicen, garantías menos; donde vivo es posando que estoy y en un
lugar hasta “nit” me pidieron, no tengo para comer menos para “nits” de
esos. Donde me dan “chapia” una vez al
mes, ya me conoce el “patrón” y bueno, me dio un billete adelantado. Fui a la farmacia y casi lloro, casi, pero no
lloré, casi lloro cuando me dijeron el precio, el de blanco del otro lado se
medio rió, me dijo un número de miles, yo un billete llevaba nada más. De vuelta en casa me dicen que ya la vacuna
no es necesaria. Y ahora qué me importa nada si me duele hasta respirar, ya no
es necesaria la vacuna, ya no; ahora sí señor Presidente, lloremos, imagino que
usted llora porque mi niño no alcanzó a esperarnos, a mí que ganara lo
suficiente, a usted que hiciera lo suficiente.
lunes, 19 de septiembre de 2016
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