Sus brazos tontos y pequeños lo alcanzaban todo,
seguía allí
a la vista de todos,
esperando la eclosión
de los que también estarán
cuando se nos ocurra despertar.
Aprendí a recorrerte nuevamente un oficio que de mozuelo era sencillo: morena y sinuosa te sabía cada recoveco sin miedo y cuidado iba y ve...
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